La macroeconomía moderna nace en 1936 con la publicación de la "Teoría General" de Keynes. Con su énfasis en el papel de la demanda rompe con el pensamiento clásico anterior, que no había podido ofrecer una respuesta de política económica para hacer frente a la Gran Depresión.Keynes consideraba que su teoría era más general que la teoría clásica pues permitía situaciones de equilibrio sin pleno empleo. Por otra parte, Keynes no recurrió a la formalización matemática en la "Teoría General" lo que contribuyó a que su obra pronto se viese sujeta a interpretaciones.
La interpretación más influyente fue la de John Hicks quien, sólo un año después de la publicación de la "Teoría General", desarrolló las bases del modelo IS-LM. El modelo IS-LM se convertiría en el núcleo de la Síntesis Neoclásica, la corriente principal de la teoría macroeconómica hasta los años 70. A partir de los años 50, se construyó el cinturón protector del modelo IS-LM, mejorando los fundamentos microeconómicos de la teoría de la demanda de dinero, de la teoría de la demanda de inversión y de la teoría de la demanda de consumo.
La Síntesis Neoclásica pronto se vería sujeta a crítica. Milton Friedman lideró la crítica monetarista. En una primera etapa, Friedman cuestionaría el papel de la política fiscal como instrumento principal de estabilización macro, una de la conclusiones principales de la teoría keynesiana. En una segunda etapa, los monetarista centrarían sus críticas sobre la curva de Phillips, el mecanismo de determinación de precios y salarios de la Síntesis.
Sin embargo, la crítica monetarista quedaría incompleta y sería la revolución de las expectativas racionales la que desplazase a la Síntesis Neoclásica. Los trabajos de Robert Lucas introdujeron a principios de los 70 el concepto de expectativas racionales: los agentes forman sus expectativas de forma racional, tomando en consideración toda la información disponible. El mecanismo de formación de expectativas influiría en la efectividad de las políticas económicas.
Estas ideas alcanzaron un enorme éxito rápidamente. De una parte, podían explicar porque la política económica propuesta por la Síntesis era incapaz de hacer frente a la estanflación de los años 70. Por otra parte, se apoyaba en una rigurosa formalización matemática que dotaba a la macro de rigurosos fundamentos microeconómicos y la revestía de ciencia.
La Nueva Macroeconomía Clásica se desarrolló rápidamente con una serie de teorías que reforzarían la idea de que, bajo expectativas racionales, la efectividad de la política económica discrecional es limitada. La teoría del ciclo económico real iría un paso más adelante al explicar las fluctuaciones en el ciclo como resultado único de perturbaciones de origen real.
A principios de los 80, la Nueva Macroeconomía Clásica era la corriente dominante en la macroeconomía. Los supuestos de equilibrio de los mercados y agentes optimizadores con expectativas racionales justificaban su principal conclusión de política económica: la ineficacia de las políticas de estabilización a lo largo ciclo.
Sin embargo, el péndulo del pensamiento macroeconómico volvería a girar rápidamente.